La celebración reunió a organizaciones vinculadas a la ayuda social, colegios, movimientos y representantes de las Fuerzas de Orden y Seguridad, en el marco de la fiesta de San Alberto Hurtado.
La Diócesis de Chillán celebró el Día de la Solidaridad con una Eucaristía en la Iglesia Catedral, que reunió a representantes de organizaciones vinculadas a la ayuda social, colegios, movimientos y comunidades, además de integrantes de las Fuerzas de Orden y Seguridad.
La celebración fue presidida por el obispo de Chillán, Mons. Andrés Ferrada Moreira, y concelebrada por el Vicario apara la educación, junto a capellanes de colegios e instituciones. La Eucaristía fue transmitida en audio y video por Radio El Sembrador de Chillán.
En su homilía, Mons. Andrés Ferrada recordó que esta jornada coincide con la fiesta de San Alberto Hurtado, destacando el profundo sentido que el santo chileno daba a la solidaridad bajo la expresión “el pobre es Cristo”.
El obispo señaló que ser solidario implica “sentir las necesidades de los otros como propias e ir a su encuentro dentro de nuestras posibilidades”, reconociendo que todos forman “un solo cuerpo”.
Asimismo, destacó que el Día y el Mes de la Solidaridad son una oportunidad para recordar que todas las personas forman parte de una misma familia humana y que, desde los pequeños gestos, es posible contribuir a la esperanza de quienes más lo necesitan. “Un granito más otro granito hacen posible la esperanza de aquellos que más necesitan”, expresó.
Por su parte, la Hermana Patricia Martínez Contreras, delegada episcopal para la Pastoral Social, valoró el legado de San Alberto Hurtado y destacó que su testimonio ha permitido mantener esta fecha como una instancia de encuentro entre los distintos organismos e instituciones que trabajan en el servicio, el compartir y la ayuda a quienes más lo requieren.
La religiosa invitó a la comunidad a mantener una actitud permanente de atención frente a las necesidades de los demás, especialmente de quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad.
La celebración del Día de la Solidaridad reafirmó así el llamado de la Iglesia a vivir la solidaridad no solo como una acción puntual, sino como una disposición permanente al encuentro, al servicio y al cuidado de quienes forman parte de nuestra comunidad.
