La Diócesis de Chillán vivió este domingo una significativa jornada con la celebración del Jubileo de los Consagrados, que reunió a sacerdotes, diáconos y religiosas de distintas comunidades.
El encuentro comenzó en el Instituto Santa María, donde los consagrados compartieron un momento de reflexión junto al vicario pastoral de Linares, padre Raúl Morris, quien introdujo los hitos del Jubileo. “El año jubilar se erige ante nosotros como una misión, pero es también recordar con memoria agradecida a aquellos que nos transmitieron este anuncio en medio de los vendavales de la historia: evangelizadores, misioneros, religiosos y laicos que ayer y hoy se empeñan en ser consecuentes con la fe recibida, traduciéndola en acciones”, señaló.
Posteriormente, los sacerdotes presentes ofrecieron el sacramento de la reconciliación y, tras ello, se realizó una procesión por las calles de la ciudad hasta llegar al templo jubilar, la Catedral de Chillán. Durante el trayecto, los participantes fueron guiados por la cruz en distintos momentos de oración.
Al llegar a la catedral se celebró la Eucaristía, en la que tres consagrados compartieron sus testimonios de vida. El padre Pablo Valladares, párroco de San Gregorio Magno, relató sus once años de sacerdocio y recordó lo difícil que fue enfrentar el sufrimiento de las personas en sus primeros pasos ministeriales. “Con la experiencia, puedo decir que estoy agradecido del camino que me ha mostrado Jesús, teniendo incluso la posibilidad de ser parte de grandes obras como la Jornada Nacional de la Juventud en enero pasado, en donde fui coordinador de la actividad”, destacó.
El diácono permanente Adán Sepúlveda, de la parroquia de Coihueco, expresó que su vocación ha marcado su vida entera y que agradece poder acompañar a las personas de manera constante. Por su parte, la hermana Patricia Martínez compartió cómo su vida consagrada se ha centrado en servir al hermano que sufre y en acompañar a los más pobres a través de distintas obras sociales, como el comedor que mantiene junto a sus hermanas dominicas.
El administrador diocesano, padre Patricio Fuentes, agradeció la participación en este Jubileo de los Consagrados. “Reunirnos, caminar hasta nuestro templo jubilar, testigo de parte importante de nuestra historia de cien años, nos hace bien”, afirmó.
La jornada concluyó con un fraterno compartir en Casa Tabor, marcando así un día de memoria, gratitud y renovación para la vida consagrada en la diócesis.







