Por Paulina Benavente, para Diario Crónica Chillán.
Al escribir esta primera columna de opinión del año 2021 pensaba cual podría ser el hilo conductor entre este año y el anterior. Ha sido un tiempo de vivencias muy intensas, hemos visto el rostro de la angustia y el dolor de una forma patente. Esta pandemia ha visibilizado nuestras carencias y del mismo modo nuestras fortalezas. Ha puesto de manifiesto el cómo somos, a qué le damos importancia, donde están nuestros seguros esos que no se traducen en dinero sino en opciones de vida. El valor que le otorgamos a la vida pareciera ser el hilo conductor entre lo que somos, vivimos y deseamos.
Las autoridades, personal de salud y otros llaman a la población a cuidarse, a respetar normas que se han impuesto buscando detener contagios y muertes, pero la respuesta de un número importante de personas es incumplirlas, asistir a eventos de fiestas masivos, no sacar salvoconductos, no respetar toque de queda, manifestando una temerosidad que da cuenta del egoísmo ante el bien común. Esta actitud se manifiesta en diversos aspectos.
Impacta de manera grotesca y brutal el desprecio hacia la vida de los otros que ronda y se instala en nuestra sociedad. Sí, desprecio hacia la vida del otro, porque cuando se trata de la propia somos capaces de mover hasta las entrañas de la tierra para buscar opciones, oportunidades o crear esperanzas. Este desprecio lo vemos cotidianamente, delincuentes que no tiemblan en quitar la vida a otros por hacerse de un botín que en ocasiones incluso resulta miserable económicamente. Parlamentarios que prefieren discutir de eutanasia y no son capaces de promover e incentivar el cuidado paliativo y profesional de quienes se enfrentan el dolor físico o mental. Es más rápido y económico convertirse en un sicario legal que ser servidores públicos que se jueguen por entregar condiciones dignas a esas familias con enfermos postrados, electrodependientes o con un sinfín de condiciones que hacen insostenible el sufrimiento. Ante esto la opción, sin libertad porque está secuestrada por el dolor, es suplicar por la muerte porque la vida (sin paliativo o ayuda) resulta insoportable.
En estos días allende de la cordillera se ha aprobado el aborto libre hasta el cuarto mes de gestación y paradójicamente se presenta como un triunfo feminista, cuántas mujeres morirán sin haber nacido y tal vez sólo por el hecho de ser mujer. No los vemos no valen, no los conocemos entonces no nos importan, no los escuchamos entonces no existen. En esta lógica egoísta no importa lo que les pasé a los demás, solo busco la gratificación y el placer personal.
El verdadero virus de esta época, el desprecio o desvalorización de la vida, se está alojando en el corazón de los seres humanos y juntos tenemos que conseguir una vacuna que lo elimine. No dependerá de los laboratorios que han demostrado que con voluntad se puede avanzar rápidamente, sino que dependerá de nosotros mismos y ahí pareciera que está el problema.







