En un ambiente de profundo recogimiento y oración, la Iglesia de Ñuble conmemoró este domingo el primer aniversario de la partida a la Casa del Padre del Papa Francisco, con una Eucaristía celebrada en la Catedral de Chillán.
La misa fue presidida por el obispo de la Diócesis de Chillán, monseñor Andrés Ferrada Moreira, quien estuvo acompañado por diversos presbíteros de la diócesis. La comunidad se reunió para dar gracias por la vida y el ministerio del Santo Padre, destacando su cercanía, sencillez y su permanente llamado a vivir el Evangelio con misericordia.
Durante la homilía, el obispo recordó con especial afecto la experiencia de haber compartido con el Papa Francisco en Roma, valorando su testimonio cercano y su servicio al Pueblo de Dios. En ese contexto, invitó a los fieles a confiar su vida al amor misericordioso del Padre:
“Esta tarde, junto con agradecer la vida y el ministerio del Papa Francisco en servicio del Santo Pueblo de Dios, lo confiamos a la misericordia del Padre para que, plenamente purificado, goce ya del banquete eterno junto a la Virgen, San José, los ángeles y todos los santos”.
Asimismo, monseñor Ferrada evocó aspectos significativos de la vida espiritual del pontífice, recordando su profunda experiencia vocacional y las personas que marcaron su camino de fe: “Confiamos también que esté abrazando a las personas que tanto quiso de este lado de la existencia, sus padres y hermanos, su querida abuela Rosa y tantas otras personas que lo ayudaron en su vocación a lo largo de sus 88 años de vida. Especialmente al padre Eduardo, con quien se confesó el 21 de septiembre de 1953, cuando sintió que Jesús, mirándolo con misericordia, lo llamaba, como a San Mateo”.
En la celebración también se compartieron palabras del propio Papa Francisco, recordando su enseñanza sencilla y profunda sobre Cristo como el centro de la vida cristiana: “¿Qué significa pan de vida? Para vivir se necesita el pan. Quien tiene hambre no pide comidas refinadas, pide pan. Jesús se revela como el pan, es decir, lo esencial, lo necesario para la vida de cada día”.
“Sólo Él nos perdona de ese mal que solos no conseguimos superar. Sólo Él nos hace sentirnos amados, aunque todos nos decepcionen. Sólo Él nos da la fuerza de amar y de perdonar en las dificultades. Sólo Él da al corazón esa paz que busca. Sólo Él da la vida para siempre cuando la vida aquí en la tierra se acaba”.
La Eucaristía concluyó con una invitación a seguir el legado del Papa Francisco, haciendo vida su mensaje de amor, justicia y fraternidad, y renovando el compromiso de la Iglesia diocesana de caminar junto a los más necesitados, tal como él lo enseñó con su vida.
