El verano pasado visitamos distintos sectores afectados por los devastadores incendios. En medio de la angustia y la desesperación, vimos a muchas personas escarbar entre cenizas aún calientes, buscando y rescatando lo poco que el fuego no había consumido en un instante, después de años de esfuerzo por construir su anhelado hogar y reunir sus enseres.
Fue entonces cuando la Pastoral Social se hizo presente con alimentos y herramientas de trabajo para ayudar a limpiar y despejar las zonas afectadas. Allí pudimos acompañar a personas mayores y familias completas que nos miraban, nos abrazaban y, con lágrimas en sus rostros cansados y la voz quebrada, nos decían: “Gracias por su presencia, por este abrazo y por traernos, de alguna manera, lo espiritual. Sentimos que Dios está aquí. Hemos recibido muchas cosas materiales, y las agradecemos profundamente, pero esta presencia, lo que no se ve ni se toca, es lo que más llena nuestro corazón, tan herido por todo lo vivido”. Al despedirnos, nos repetían: “Por favor, no nos abandonen. Ahora estamos rodeados de gente, pero en unos días o semanas estaremos solos, y entonces necesitaremos aún más de ustedes. No nos traigan nada; solo su presencia”. Aquellas palabras —“no nos olviden”— fueron las que más escuchamos en esos días.
Hoy seguimos cumpliendo nuestra misión: visitar y acompañar a nuestra gente, aplicar encuestas, conocer los avances en la reconstrucción de sus viviendas y orientarles para que puedan acceder de mejor manera a las distintas ayudas disponibles. También hemos entregado cajas de alimentos, frazadas y apoyo económico, ya sea en efectivo o mediante depósitos en cuenta. Y, por supuesto, seguimos ofreciendo esos abrazos y esa presencia que tanto nos pidieron en los momentos más oscuros.
Nos llena de alegría ver algunas casitas nuevas y otras reparadas con el sello personal de sus familias. También nos emociona saber que quienes perdieron parte de su vivienda y su fuente laboral han podido reiniciar sus talleres de costura, tejido u otros oficios. ¿Cómo no conmovernos al ver sus rostros al recibir la ayuda? Muchos nos dicen: “Con esta platita voy a comprar materiales para volver a levantar mi negocio o taller”.
Es importante señalar que los recursos entregados a las personas beneficiadas provienen de las colectas realizadas a través de Cáritas Chile y la Pastoral Social. Ha sido un trabajo arduo, pero profundamente gratificante. Por eso, agradecemos de corazón a todas las personas que, de una u otra forma, han colaborado en las distintas campañas solidarias para ir en ayuda de los damnificados por los incendios. Gracias a ustedes hemos podido cumplir nuestra promesa de no dejar a nuestros hermanos en el olvido. Sin embargo, nuestra labor no termina aquí: seguiremos visitando a nuestra gente, que nos espera para compartir una taza de té, un pancito amasado, una sopaipilla y la alegría de ver una plantita que ha vuelto a brotar, como también ha vuelto a levantarse nuestra gente.
Hna. Patricia Martinez Contreras
Delegada episcopal para la pastoral social

