“Lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada”.
Así narra san Lucas lo que vivieron María y José con el niño recién nacido en Belén. Y es lo que experimentan hoy tantos hombres y mujeres en nuestro mundo, que no viven con la dignidad a la que tienen derecho, como hijos de Dios y hermanos nuestros. Por eso la Navidad nos debe comprometer en la edificación de una sociedad más justa, que no cierra las puertas a nadie. Por eso es importante que en nuestro país se aborden seriamente las demandas sociales que se han expresado con fuerza en los últimos meses: el acceso oportuno a la salud, una educación de calidad, pensiones dignas, un trato justo y humano para todos; en un proceso que nos haga un mejor país y no deteriore nuestra convivencia y nuestros lazos. Así podremos transitar por los caminos de paz que el mismo Dios quiere para su pueblo: “Paz a los hombres amados por él”.
La Navidad nos invita también a no cerrar las puertas a Dios. La ternura y la humildad del nacimiento del Dios hecho hombre, nos muestran que Dios no es ni amenaza ni algo superfluo para el ser humano, sino vida y amor ofrecidos para nuestra propia plenitud. ¿Qué nos ha llevado a darle la espalda al Señor y a desterrarlo tantas veces de nuestras vidas? ¿Es verdad que con esto hemos ganado, como personas y como sociedad?
Transmito el saludo de la iglesia católica de Ñuble a todos mis hermanos y hermanas en la fe, y a quienes sirven a Dios y a los demás desde diversas iglesias y espiritualidades. Un saludo especial a quienes están viviendo situaciones de sufrimiento: enfermos, privados de libertad, quienes han perdido este año algún ser querido, a quienes viven momentos de angustia o soledad; les transmitimos la fortaleza que viene del Señor, comprometiendo nuestra oración.
Igualmente dirijo un saludo a las autoridades de la Región y a los diversos actores sociales, políticos, fuerzas armadas, y a la comunidad en general. Que podamos ser en esta Navidad y en el año venidero, promotores de justicia, respeto y fraternidad, para construir una patria que se renueve en la esperanza y en la paz.
Padre Sergio Pérez de Arce Arriagada
Administrador Apostólico
Diócesis de Chillán







