Por Luis Flores Quintana, para Diario Crónica Chillán.
Mañana es 24 de enero y volveremos a recordar el terremoto del ‘39. Habrá noticias, sonarán campanas y sirenas. La mayor parte de los lectores, y quien escribe también, no habían nacido en esa fecha ¿Sirve recordar tragedias? ¿Por qué hacerlo si ni siquiera son parte de nuestra cronología? Cuando tomamos conciencia que no somos individuos, sino que pertenecemos a comunidades y pueblos que nos han permitido crecer y sobrevivir, nos damos cuenta que la historia de la sociedad es, también, nuestra; y, sus aprendizajes, si los reconocemos e integramos, nos darán más y mejores posibilidades de lograr nuestros objetivos y una sociedad mejor.
Quedarse anclado en el dolor o en lo negativo de la vida ya sea de las personas o pueblos no ayuda. Negar la historia tampoco. El terremoto forma parte de nuestra historia; no solo provocó duelos, también, obligó a reconstruir, reorganizarse y dejó huellas con nuevas instituciones, construcciones y símbolos. La cruz al costado de la Catedral es uno de esos símbolos, hoy icónico, está a la vista de todos como un imponente signo que supera el ámbito religioso, es de la ciudad, la representa y la identifica. Todo está ahí y es el recuerdo de aquel trágico día.
Cuando se trata de tragedias naturales podemos sentir la tentación de dar vuelta la página, pareciera que poco podemos hacer. Un terremoto no se puede evitar, hasta ahora, ni siquiera predecir y con el paso del tiempo, cada vez, son menos los testigos directos. Sin embargo, al recordar tomamos conciencia de lo aprendido. Un terremoto no se puede evitar, pero con lo aprendido las generaciones venideras quedan mejor preparadas para enfrentar estas situaciones. Eso es una evidencia entre nosotros, nuestras construcciones han soportado mejor situaciones similares, se evitan muertes y, de alguna manera, se convive mejor con el planeta que habitamos.
Ese debe ser el mejor aprendizaje, saber que hay una relación con el entorno, que hay otros y, que el lugar que habitamos requiere de nuestra responsabilidad. El planeta es frágil, tiene movimientos, catástrofes y sufre nuestros excesos. Tenemos que aprender que la casa común hay que cuidarla, nos pertenece a todos y, si bien, nuestras construcciones son firmes y puede que no se desmoronen con un terremoto, hay otras dimensiones que podrían dejar las casas vacías. Sin ir más lejos, la crisis ecológica nos golpea con algo que siempre relacionamos la vida, el agua. La crisis hídrica, tal vez no podemos evitarla pero si tomamos conciencia podremos cuidarla. Hasta ahora, parece que es más lo que derrochamos que lo que la aprovechamos. Que el recuerdo de esta tragedia nos ayude a evitar otras.







