Con la tradicional bendición del fuego, en el marco de la Liturgia de la Luz, se dio inicio la noche de este sábado a la Vigilia Pascual en la Catedral de Chillán, celebración que fue presidida por el obispo de la diócesis, monseñor Andrés Ferrada, y concelebrada por el párroco de El Sagrario, padre Luis Flores.
La celebración comenzó en el atrio del templo, donde se bendijo el fuego y se encendió el cirio pascual, signo de Cristo resucitado que acompañará durante el año las principales celebraciones litúrgicas.
La Vigilia Pascual, considerada la celebración más importante del Triduo Pascual, contempló además la Liturgia de la Palabra, la Liturgia del Agua —en la que los fieles renovaron sus promesas bautismales— y la Liturgia de la Eucaristía.
En este contexto, cuatro personas recibieron el sacramento del bautismo, incorporándose a la vida cristiana en una de las celebraciones más significativas del calendario litúrgico.
Durante su homilía, monseñor Ferrada centró su reflexión en el sentido de la Resurrección y en la invitación a dejarse sorprender por la acción de Dios. “No estamos visitando una tumba, sino participando del triunfo del Resucitado sobre la muerte y el pecado”, señaló.
Asimismo, planteó que este acontecimiento interpela la vida personal de los creyentes. “El Señor conoce los motivos más íntimos que nos mueven a nosotros para estar acá. Sabe que tal vez lo buscamos pensando que está muerto o que es incapaz de colmar la sed de paz, justicia y amor que sentimos”, expresó.
En esa línea, enfatizó que la Resurrección es un llamado a reconocer la presencia viva de Cristo. “El maestro nos quiere despertar de nuestro derrotismo: Jesús está vivo y actúa portentosamente en el mundo y en la Iglesia”, indicó.
El obispo también recordó el anuncio central de la fe cristiana. “Ha resucitado de entre los muertos. Desde ese momento la muerte no tiene la última palabra, es solo un tránsito hacia la victoria”, afirmó.
Finalmente, invitó a los fieles a vivir la fe desde la misión y la esperanza. “No podemos permanecer en el sepulcro: está vacío. Allí no está Jesús. Lo encontraremos en Galilea… Vamos, dejemos atrás el sepulcro y corramos a nuestra Galilea, donde Él nos espera”, concluyó.
